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30-jun.-2026, martes de la 13.ª semana del T. O.

La reprimenda que Jesús dirige al viento y al mar manifiesta su poder de vida y salvación, que se impone a aquellas fuerzas ante que las criaturas se sienten perdidas

Último amanecer de junio en nuestro segundo día de la semana, en el que encontramos el tiempo necesario para darte gracias por los frutos recibidos, compartidos y repartidos. Estos treinta días lo hemos vivido en medio de alegrías e incertidumbres. Alegrías porque hemos podido compartir y servir con nuestros hermanos; momentos difíciles por las incertidumbres que se van llevando en el día a día de nuestras actividades. Hemos compartido el dolor de nuestros hermanos venezolanos y tratamos de servirlos de la mejor manera posible. Estos son los momentos difíciles en los que encontramos tempestades fuertes y que parecieran ahogarnos en nuestra cotidianidad, pero siempre encontraremos estas palabras que te dirigimos: ¡Señor, por tu bondad, tu misericordia, sálvanos! Y aquí encontraremos tus palabras: ¿por qué tienen miedo, hombres y mujeres de poca fe? Perdónanos, Señor, porque a veces caemos en la impaciencia, en el temor y nuestra poca fe. Pero vamos llenos de seguridad y confianza en ti porque tú vas en la barca de la esperanza y de la fe; porque navegando contigo en el mar del consuelo vamos por aguas, tranquilas llenas, de fe y de esperanza. Gracias, Señor por esta semana que laboralmente la iniciamos hoy. Queda atrás este mes dedicado a tu Sagrado Corazón, pero hoy seguimos elevando nuestra oración y diciéndote: Sagrado Corazón, en vos confío. Bendícenos guárdanos y protégenos. Amén. 

Un muy feliz y agradecido fin de mes. Desde ahora nos ponemos en las manos de nuestra Madre celestial a la que honraremos en sus advocaciones de Virgen del Carmen y Nuestra Señora de Chiquinquirá. 

PALABRA DEL PAPA

Podemos vernos reflejados en el Evangelio que hemos escuchado, en el miedo de los discípulos en la tormenta, que es el miedo de gran parte de la humanidad. No obstante (…)  (León, confesamos que ¡hay esperanza! La hemos encontrado en Jesús, el Salvador del mundo. Él sigue calmando soberanamente la tormenta. Su poder no perturba, sino que crea; no destruye, sino que llama a la existencia, dando nueva vida. Y nos preguntamos: «¿Quién es este, que hasta el viento y el mar le obedecen?» (Mt 8,27). El asombro que expresa esta pregunta es el primer paso que nos aparta del miedo. Jesús había vivido y rezado alrededor del lago de Galilea. Allí había llamado a sus primeros discípulos en sus lugares de vida y de trabajo. Las parábolas con las que anunciaba el Reino de Dios revelan un profundo vínculo con esa tierra y esas aguas, con el ritmo de las estaciones y la vida de las criaturas. El evangelista Mateo describe la tormenta como un “estremecimiento de la tierra” (seísmos); utilizará el mismo término para referirse al terremoto que se produjo en el momento de la muerte de Jesús y al amanecer de su resurrección. Sobre este estremecimiento, Cristo se eleva, erguido: ya aquí el Evangelio nos permite vislumbrar al Resucitado, presente en nuestra enrevesada historia. La reprimenda que Jesús dirige al viento y al mar manifiesta su poder de vida y salvación, que se impone a aquellas fuerzas ante las cuales las criaturas se sienten perdidas. (León XIV, Homilía en la Santa Misa por la Custodia de la Creación, 9 de julio de 2025)

Él sigue calmando soberanamente la tormenta. Su poder... no destruye, sino que llama a la existencia
ORACIÓN 

Señor, nuestra mayor alegría es reconocerte ante las personas, y en los momentos malos y buenos, debo entender que me ayudan a valorar y comprender más la vida, saber que tú eres el único que siempre está a mi lado en cualquier circunstancia, y que puedo exclamar «Sálvame» y tú estarás ahí para sacarme de mis fracasos, hundimientos, gracias por tu infinito y eterno amor. Amén. 

Reflexión https://www.iglesiaenaragon.com/lectio-divina-30-de-junio-de-2026

Para entender bien este texto hay que situarlo dentro del contexto anterior donde Jesús acaba de llamar a unos discípulos para que le sigan. Jesús les ha advertido de las dificultades que toda vocación entraña. Se trata de seguir a Jesús en pura fragilidad “El hijo del hombre no tiene donde reclinar su cabeza” (8,20). ¿Qué hacer cuando llega la prueba, cuando arrecia la tempestad, cuando parece que todo se hunde? Una salida es el miedo. Es lo que tienen los discípulos. Y este miedo frena y paraliza toda acción. ¿Dónde va Jesús con unos discípulos llenos de miedo? Ángela Merkel acaba de decir: “el miedo nunca fue un buen asesor. Culturas que están marcadas por el miedo, no van a ganar el futuro”. Jesús nos dice cómo perder el miedo: En medio de la tormenta, “hay que embarcarse con Él”. Hay que fiarse plenamente de Jesús, a quien los vientos y el mar le obedecen. Esta barca frágil, juguete de las olas, es el mejor símbolo de la fragilidad humana que, ante un virus, o ante un fuego insistente, o ante una guerra atroz como la de Ucrania, la humanidad entera tiembla como las hojas de los árboles. ¡Qué lección de humildad! ¡Qué poca cosa somos! Menos mal que Dios no nos abandona y siempre nos echa una mano.

Autor:
José Hernando Gómez Ojeda, pbro.