Buen amanecer en las manos de Dios. Darte gracias por este nuevo amanecer y por esta semana que estamos finalizando. Hoy queremos erradicar nuestro egoísmo y unirnos a ti en tu entrega de amor, a la fidelidad y al servicio desinteresado y que La cruz siga siendo el camino que nos conduce a la verdadera felicidad. Que seamos capaces de renunciar a nosotros mismos, a nuestros propios intereses, y pensar en el bien y la felicidad de los demás, para que brote de nuestra vida el torrente inagotable de tu fuerza. Este es el tiempo oportuno para que dispongas nuestros corazones y podamos hacer la voluntad Celestial entregándonos y comenzando este camino hermoso y esperanzador de pasión y sacrificio para llegar ilusionados a la gloria de la resurrección. Gracias, Señor, por tu compañía y por fortalecernos en el servicio generoso. Gracias por la semana que nos regalaste y que pudimos realizar muchos de nuestros proyectos y anhelos y ante todo haber compartido nuestras vidas con tantas personas. Amén.
A Nuestra Señora, la Virgencita, nos acogemos y en sus manos nos colocamos. Feliz y santo fin de semana
Palabra del Papa
Hemos dicho que Jesús, en su anuncio y en toda su obra, había inaugurado un reino no político del Mesías y comenzado a deslindar los dos ámbitos hasta ahora inseparables. Pero esta separación entre política y fe, entre pueblo de Dios y política, que forma parte esencial de su mensaje, sólo era posible en última instancia a través de la cruz: sólo mediante la pérdida verdaderamente absoluta de todo poder externo, del ser despojado radicalmente en la cruz, la novedad se hacía realidad. Sólo mediante la fe en el Crucificado, en Aquel que es desposeído de todo poder terrenal, y por eso enaltecido, aparece también la nueva comunidad, el modo nuevo en que Dios domina en el mundo. Pero eso significa que la cruz respondía a una “necesidad” divina y que Caifás, con su decisión, fue en último análisis el ejecutor de la voluntad de Dios, aun cuando su motivación personal fuera impura y no respondiera a la voluntad de Dios, sino a sus propias miras egoístas (Benedicto XVI, Jesús de Nazaret, segunda parte, p. 66).
ORACIÓN
Señor, si me permites, hoy quiero estar contigo porque te veo muy solo. Tienes a las autoridades civiles y religiosas en contra, hasta el punto de que determinan matarte. Eras demasiado bueno, demasiado noble, demasiado libre. ¿No caes en la cuenta de que estorbas en un mundo tan hipócrita, tan violento, tan rastrero y tan mezquino? Hoy, Jesús, quiero estar cerca para decirte que yo te quiero, que puedes contar siempre conmigo, es más, que te necesito si quiero que mi vida sea plena.
Reflexión https://www.iglesiaenaragon.com/lectio-divina-28-de-marzo-de-2026
Jesús cautivaba, Jesús convencía, Jesús se llevaba detrás a la gente sencilla. Y esto no lo podían consentir las autoridades religiosas: fariseos y sacerdotes. Los que llevaban la ley cerca de las manos, pero lejos del corazón; los que acudían al Templo a rezar y salían del Templo con el propósito de robar, mentir, y apedrear en nombre de la Ley; aquellos que eran sepulcros blanqueados, que se entretenían en limpiar los platos y vasos antes de comer, pero por dentro estaban llenos de podredumbre; esos determinan acabar con Jesús. Y acabar con Jesús es acabar con la verdad, con la belleza, con el amor, con la ilusión, con la esperanza. Hoy también en nuestra vieja Europa está de moda eso de “acabar con Jesús y con todo signo religioso”. Y esto trae graves consecuencias. Nunca el mundo ha tenido tantos medios y nunca ha estado tan vacío. A este mundo no lo salvará la técnica, los aparatos sofisticados, los coches eléctricos o los viajes espaciales. A este mundo lo salvará el amor. Personas que, como Jesús, estén dispuestas a amar a los demás más que a sí mismos. Jesús pasará por todo, incluso por el sufrimiento y la muerte en Cruz. El pecado separa, esclaviza, mata. Jesús congrega, libera, resucita. Jesús jamás pasará de estar cerca de los que sufren, de los que lo están pasando mal. Y nunca dejará de acudir a la gran fiesta del amor.

