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27-mar.-2026, viernes de la 5.ª semana de Cuaresma

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Bendiciones en este último viernes penitencial; nos acercamos poco a poco a la vivencia de nuestro Triduo Pascual y tenemos motivos para agradecerte nuestra semana laboral que vamos culminando y un nuevo amanecer que ya lo estamos viviendo. También te damos gracias porque vamos cumpliendo el itinerario Cuaresmal. En esta travesía, los 40 días van transcurriendo para nosotros y estamos motivados para culminarlos con un corazón totalmente renovado e iniciar nuestra gran semana, en la que nos encontraremos con tu pasión y sobre todo tu resurrección. Ayúdanos, Señor, a creer en tus obras y sobre todo creer en tu palabra. 

En este día penitencial nos acogemos a tu amor y te pedimos nos inspires tus palabras y pensamientos. Confiamos y esperamos en ti. Amén. 

Nuestro viernes penitencial nos motive a vivir en ayuno de negativismos y abstinencia de malas acciones. Ayúdanos a reavivar la llama de la fe.

Palabra del Papa

No basta encontrar a Jesús para creer en Él, no basta leer la Biblia, el Evangelio, eso es importante ¿eh?, pero no basta. No basta ni siquiera asistir a un milagro, como el de la multiplicación de los panes…Y si tú tienes el corazón cerrado, la fe no entra. Dios Padre siempre nos atrae hacia Jesús. Somos nosotros quienes abrimos nuestro corazón o lo cerramos. La fe, que es como una semilla en lo profundo del corazón, florece cuando nos dejamos “atraer” por el Padre hacia Jesús, y “vamos a Él” con ánimo abierto, con corazón abierto, sin prejuicios; entonces reconocemos en su rostro el rostro de Dios y en sus palabras la palabra de Dios, porque el Espíritu Santo nos ha hecho entrar en la relación de amor y de vida que hay entre Jesús y Dios Padre. Y ahí nosotros recibimos el don, el regalo de la fe. (Ángelus de S.S. Francisco, 9 de agosto de 2015).

ORACIÓN 

Señor, hoy traigo a mi oración esta preocupación personal: Cuando tú vivías entre nosotros hubo personas que estuvieron cerca de ti, escucharon tus palabras, fueron testigos de tus milagros, y, sin embargo, no creyeron. Y me pregunto: ¿Me pasará a mí lo mismo? Porque yo todos los días escucho tu palabra, hago oración, celebro la Eucaristía, pero ¿Creo de verdad? ¿Te creo a ti capaz de llenar mi vida? ¿Nota la gente que soy cristiano? Señor, creo, pero aumenta mi fe.

Reflexión https://www.iglesiaenaragon.com/lectio-divina-27-de-marzo-de-2026 

Jesús es el revelador del Padre. Jesús dedicó toda su vida a decirnos cómo era Dios, su Padre. Jesús no vino a decirnos que Dios existe sino a descubrirnos lo maravilloso que es ese Dios a quien tantas veces nombramos, tantas veces escuchamos, tantas veces lo estudiamos y, sin embargo, tan poco y tan mal lo conocemos. Lo peligroso es querer encerrar o encasillar a Dios en figuras, imágenes, o tradiciones. De Dios nadie habla bien sino Dios mismo y su Hijo que ha vivido durante toda la eternidad en su regazo. Los judíos, por cerrarse a una idea de Dios, no llegaron nunca a conocerle. Jesús nos revela al Padre por medio de sus palabras, de sus silencios, de sus actuaciones. Si Jesús acaricia a un niño es para decirnos: así de cariñoso es el Padre. Si Jesús cura a un enfermo, es para decirnos: así de compasivo es el Padre. Si perdona los pecados, es para decirnos: así de misericordioso es el Padre. Nosotros conocemos a Dios a través de las obras de Jesús. Haciendo nosotros las mismas obras que hacía Jesús, también nosotros podremos revelar hoy el rostro del Padre a tantas personas que lo desconocen totalmente.

Autor:
José Hernando Gómez Ojeda, pbro.