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2-feb.-2026, lunes de la 4.ª semana del T. O.

ese Niño, que, aun siendo «Rey de la gloria», «Señor del templo», entra allí por vez primera, en silencio, en ocultamiento y en fragilidad de naturaleza humana

Saber agradecerte lo que nos regalas en este día que comienza para cada uno de nosotros, es saber que comenzamos a disfrutar la vida, a tener sentimientos de amor, generosidad y servicio, de disponibilidad y solidaridad. El ejemplo lo hemos recibido de José y María que, fieles a las tradiciones de su pueblo, cumplen los tres ritos establecidos por la ley: La circuncisión a los ocho días de nacido, la imposición del nombre y la purificación de la madre. Cuarenta días después de la Navidad ellos cumplen con el último requisito, la presentación en el templo. Allí está Simeón, hombre justo, hombre de fe y esperanza, que espera tu llegada. Qué inmensa alegría debió sentir él por tu presencia salvadora. Ojalá nosotros podamos sentir esta alegría al contemplarte en nuestro diario vivir y saber que tu presencia está llena de bondad y misericordia; esto nos ayuda a comprender que nada podemos hacer sin ti. 

Nuestros sentimientos nos ayuden a comprender y venerar hoy la grandeza de María, que no se mide por lo que Dios le da como privilegio, sino por lo que Dios le pide, más que a ninguno porque es tu entrega. Que con nuestras actitudes negativas no seamos nosotros quienes impidamos que nuestros hermanos vivan la plenitud de tu amor y, por el contrario, te veamos como la verdadera luz que ilumina. 

Que no nos sintamos en tinieblas por las “luces” mundanas de la indiferencia o del egoísmo, todas ellas diferentes a ti que eres la verdadera luz. Tú haces brillar tu luz en nuestra oscuridad, por eso, acéptanos con nuestras debilidades y nuestros esfuerzos borrosos para buscar tu voluntad. Purifica nuestra fe en las diferentes pruebas de la vida y no permitas que guardemos tu luz escondida bajo la sombra de nuestra mediocridad, sino que brille en nuestras palabras y en nuestras buenas obras, para que iluminen los pasos de nuestros hermanos que buscan la verdad. 

Un muy iluminado y santificado lunes, iniciando nuestro segundo mes de año, con deseos e ilusiones de encontrar nuestros anhelos y esperanzas. 

QUE SEAMOS VERDADERAMENTE LUZ PARA NUESTROS HERMANOS. 

PALABRA DEL PAPA

La liturgia de hoy representa y actualiza de nuevo un "misterio" de la vida de Cristo: en el templo, centro religioso de la nación judía, en el cual se sacrificaban continuamente animales para ser ofrecidos a Dios, entra por primera vez, humilde y modesto, Aquel que, según la profecía de Malaquías, deberá sentarse «para fundir y purificar» (Mal 3, 3), en particular a las personas consagradas al culto y al servicio de Dios. (…) El Salmista, previendo esta venida, exclama lleno de entusiasmo, dirigiéndose al templo mismo: «¡Portones, alzad los dinteles, que se alcen las antiguas compuertas: va a entrar el Rey de la gloria! ¿Quién es ese Rey de la gloria? El Señor, héroe valeroso; el Señor, héroe de la guerra... El Señor de los Ejércitos: Él es el Rey de la gloria» (Sal 23 [24], 7-10). Pero el «Rey de la gloría» es, ahora, un pequeño recién nacido de 40 días que es llevado al templo para ser ofrecido a Dios según la prescripción de la ley de Moisés. ¿Quién es, en realidad, este recién nacido? La respuesta a esta pregunta, fundamental para la historia del mundo y de la humanidad, la da proféticamente el anciano Simeón, quien, estrechando al Niño entre los brazos, ve e intuye en Él "la salvación" de Dios, la «luz para alumbrar a las naciones», la «gloria» del pueblo de Israel, la «ruina y la resurrección de muchos en Israel», el «signo de contradicción». Todo esto es ese Niño, que, aun siendo «Rey de la gloria», «Señor del templo», entra allí por vez primera, en silencio, en ocultamiento y en fragilidad de naturaleza humana. (San Juan Pablo II – Homilia en la Santa Misa por la vida consagrada en la Fiesta de la Presentación del Señor, 2 de febrero de 1981)

ORACIÓN 

Padre santo, gracias por presentarme a Simeón y a la profetisa Ana, ambos supieron esperar siendo fieles en la oración, por eso pudieron reconocerte. Ilumina y guía mi meditación para ser siempre fiel y perseverante en la oración.

Señor, eres el único capaz de disipar todas las tinieblas del mundo y de nuestro corazón: la oscuridad del odio, del miedo, del pecado y de la muerte; las tinieblas de nuestros complejos, desesperanzas, angustias, quebrantos y frustraciones.

Reflexión a partir del evangelio (Paola Treviño, consagrada del Regnum Christi)

Hoy es…, el día de la Presentación del Señor, día en que la Iglesia celebra a la vida consagrada, día para agradecer a todos esos hombres y mujeres que, a lo largo de la historia, han respondido a la invitación del Señor a seguirle con totalidad para extender su Reino y a transmitir la alegría del Evangelio. 

María y José llevaban al Niño Jesús a presentarlo al Señor. Nosotros vamos en el corazón de Jesús […]que se presenta al Padre. ¿Quién mejor que Dios Padre para cuidar de todo y de cada uno de ellos? ¿Quién mejor que Él para proteger, para guiar, para equiparnos con todo lo que necesitamos para alcanzar la felicidad? La felicidad y la paz que Él mismo nos prometió. 

Acerquémonos, pues, con mucha confianza y con mucho amor al centro de ese corazón del Niñito Jesús y dejemos que Él ponga todo lo que lleva nuestro corazón, ahí, a los pies de Dios Padre, y dejémosle lo más sagrado que tenemos: nuestra familia, nuestro matrimonio, nuestros hijos, nuestros amigos. 

Hoy agradezcamos a Dios por nuestro Bautismo, por nuestra Primera Comunión, por todos aquellos hombres y mujeres consagrados que nos han guiado y nos siguen guiando a lo largo de toda nuestra vida.  

Autor:
José Hernando Gómez Ojeda, pbro.