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1-feb.-2026, domingo de la 4.ª semana del T. O.

“bienaventurado”... una persona que está en una condición de gracia, que progresa en la gracia de Dios y que progresa por el camino de Dios…

Un nuevo amanecer en este primer domingo de febrero y nos presentamos ante Ti con corazones agradecidos. Te damos gracias por el don de un nuevo día y por la oportunidad de iniciar este mes bajo tu mirada y tu cuidado y siembra esperanzadora de lo que quieres que sembremos. 

Hoy, te pedimos que renueves nuestro espíritu, para que sea un mes de crecimiento en tu gracia, de pasos firmes en tu verdad y de un amor más profundo hacia Ti y hacia nuestros hermanos. Guía nuestros pasos a lo largo de estas semanas que comienzan. Ayúdanos a ser luz en donde haya oscuridad, a llevar paz donde haya conflicto y a ofrecer consuelo donde haya tristeza, como nos invita a san Francisco de Asís. Que todo lo que hagamos sea para pensar. como nos dice san Pablo, que Dios ha escogido a lo débil del mundo para humillar a lo poderoso. Permítenos ser bienaventurados por nuestra humildad y sencillez para que podamos contemplar tus grandes obras y que somos dichosos, porque hemos pasado de lo difícil a lo verdaderamente bienaventurados. Amén. 

Un muy feliz y esperanzador inicio de mes y un buen descanso compartido en familia. 

PALABRA DEL PAPA

Las bienaventuranzas contienen la “carta de identidad” del cristiano ―es nuestro carné de identidad―, porque dibujan el rostro de Jesús, su forma de vida. (…) “el monte” recuerda al Sinaí, donde Dios le dio a Moisés los mandamientos. Jesús empieza a enseñar una nueva ley: ser pobre, ser manso, ser misericordioso... Estos “nuevos mandamientos” son mucho más que normas. De hecho, Jesús no impone nada, pero revela el camino a la felicidad ―su camino― repitiendo ocho veces la palabra “bienaventurados”. (…) Pero ¿qué significa la palabra “bienaventurado”? ¿Por qué cada una de las ocho bienaventuranzas comienza con la palabra bienaventurado? La palabra original no indica a alguien que tiene el estómago lleno o que se divierte, sino una persona que está en una condición de gracia, que progresa en la gracia de Dios y que progresa por el camino de Dios: la paciencia, la pobreza, el servicio a los demás, el consuelo… Los que progresan en estas cosas son felices y serán bienaventurados.  (Francisco – Audiencia general, 29 de enero de 2020)

Reflexión del evangelio (Pbro. Ernesto María Caro)

Quizás este es uno de los relatos más ricos de todo el Evangelio, porque es el inicio de la predicación de Jesús sobre el Reino, en donde lejanamente a lo que mucha gente piensa, este relato no describe ideales inalcanzables, sino más bien un estilo de vida.  

En él, Jesús no hace una serie de promesas que pudieran convencer a la multitud de seguirlo, sino que realmente lo que este pequeño relato nos presenta al inicio de su predicación es lo que conoceremos como el Sermón de la Montaña y en él podremos ver la identidad de cada uno de nosotros como cristianos. En otras palabras, nos ayuda a ver una fotografía o un relato del verdadero discípulo. 

Con esta enseñanza, Jesús nos propone una felicidad diferente a la que nos ofrece el mundo. Es una felicidad real según la cual Jesús nos muestra de cuadro completo la vida en el Reino de los Cielos. 

Podríamos decir que, en este texto, Jesús redefine lo que realmente quiere decir ‘ser feliz’, pues mientras que el mundo piensa que es la riqueza lo que nos da la felicidad, Jesús nos dice que es la pobreza de corazón; que se es feliz cuando uno domina, piensa el mundo, cuando tiene poder, cuando en realidad lo que nos hace felices es la humildad. Ahí encontraremos la verdadera felicidad. 

Finalmente, podríamos decir que nos indica que el Reino es una comunidad que tiene estas características, pues al vivirlas en comunión podemos realmente experimentar la felicidad y la paz. En otras palabras, el Reino es la comunidad de los bienaventurados en donde florece nuestra vida y, por ende, es en donde podemos ser realmente nosotros mismos y alcanzar también la felicidad. 

Recuerda que en las Bienaventuranzas encontramos un verdadero programa de vida; por lo tanto, en ellas está la invitación de hacer un camino, un camino que permita que se desarrolle en nosotros la felicidad y la paz.

Autor:
José Hernando Gómez Ojeda, pbro.