Esta formación de los discípulos consiste primeramente en el aprendizaje de la manera como Jesús es el Salvador y, como consecuencia de ello, en qué consiste la salvación que Dios está realizando en nosotros por medio de Jesucristo.
El evangelio de hoy (Marcos 9, 30-37) tiene dos partes, en la primera encontramos un segundo anuncio sobre la pasión, en la otra parte se presenta la incomprensión de los discípulos frente al proyecto Dios sobre el Mesías.
Jesús anuncia que «El Hijo del hombre va a ser entregado en manos de los hombres, y lo matarán; y después de muerto, a los tres días, resucitará». Con la expresión ‘ser entregado’ Jesús anuncia que Dios entrega a su Hijo en manos de los hombres, este anuncio hay que comprenderlo bien, pues leído superficialmente lleva a algunos a afirmar que Dios desea la muerte de Jesús y por eso es que lo entrega.
Cuando Jesús dice que el Hijo del hombre va a ser entregado en manos de los hombres está queriendo decir que el plan de Dios es que su Hijo asuma desde dentro el designio humano, esto es, que Dios ‘pone en mano de los hombres’ al Mesías, pero los hombres no comprenden el proyecto de Dios y terminan matándolo.
En un texto en el que san Pablo presenta la salvación que Dios ofrece en Jesucristo, afirma que mientras «los judíos piden milagros y los griegos buscan sabiduría, nosotros anunciamos un Mesías crucificado» (véase 1 Corintios 1, 22-23), es decir, que los judíos entienden la salvación desde el poder de Dios realizando prodigios, por su parte los griegos buscan una comprensión racional del hombre y del mundo, y en cambio el cristianismo revela que la salvación consiste en entregar la vida.
Así podemos apreciar la incomprensión de los discípulos: «no entendían lo que decía», ellos no aceptan que el Mesías muera, entonces buscan no comprometerse: «Y les daba miedo preguntarle».
En la segunda parte del evangelio de la misa de hoy se ofrece otra perspectiva de la incomprensión de los discípulos. Mientras que Jesús insiste en entregar la vida para ganarla, los discípulos rivalizan por ocupar el primer puesto; no quieren compartir el destino del Mesías, por ahora están más preocupados por el escalafón del poder.
Jesús no se manifiesta contrario a que haya un ‘primero’ entre los discípulos, pero advierte que ser el primero es buscar ser «el último de todos y el servidor de todos». Luego, mediante un gesto simbólico explica que ‘hacerse último’ consiste en volverse servidor de los más débiles.
La figura de ‘servir a un niño’ hace presente la situación de servir a aquellos que no están en posibilidad de recompensar o de retribuir algo a cambio del servicio que se les presta. Gastar la vida, ‘invirtiéndola’ a fondo perdido, en esto consiste hacerse último para ser el primero.

