El evangelio de la misa de este domingo (Marcos 12, 38-44) tiene dos partes, en la primera Jesús advierte sobre la falsa piedad y en la segunda nos presenta el contraste entre la limosna de unos ricos y la ofrenda de una viuda pobre.
La denuncia sobre la falsa piedad pone en evidencia la manera de comportarse de los escribas o maestros de la Ley, a ellos les gusta ser reconocidos y venerados por los demás y se creen con derechos sobre los otros.
Jesús señala cuatro actitudes engañosas de los escribas: en primer término, el traje que emplean en el culto lo han vuelto su vestimenta de calle, «les encanta pasearse con amplio ropaje», de esta manera buscan diferenciarse de los demás; segundo, con esta diferenciación esperan que los demás los reconozcan y los saluden, «que les hagan reverencias en las plazas». En tercer lugar, pretenden los primeros asientos, «el sitio de preferencia», en la sinagoga; y cuarto, quieren ocupar los sitios de honor en las comidas.
Luego de estas descripciones, Jesús pasa a explicar la causa de este comportamiento: ellos, en el fondo, buscan acreditarse como personas piadosas para hacerse a beneficios económicos aprovechándose de los bienes de las viudas; sin embargo, su religiosidad es solo apariencia y por ello cubren su vaciedad con largos rezos. Sobre quienes así obran, esto es, ostentando una religiosidad para beneficiarse personalmente, vendrá un castigo más severo.
La segunda parte del evangelio de la misa de hoy presenta el contraste entre las donaciones de los ricos y la ofrenda de una viuda pobre. Como en la primera parte del texto, Jesús hace una constatación y luego nos deja su interpretación del hecho. El relato principia por referirnos que Jesús observaba cómo la gente iba echando dinero en la alcancía del templo; de esta observación llama la atención en el contrate entre muchos ricos que echaban mucho y una viuda pobre que echó dos moneditas.
El texto pone delante de nosotros dos medidas: ‘grandes limosnas’ y ‘dos moneditas’. A continuación sigue la interpretación que hace Jesús sobre las dos medidas. Jesús, en cuanto profeta, nos lleva a fijarnos en el valor superior de la ofrenda de la viuda pobre. Jesús invierte los criterios de nuestras valoraciones para llevarnos a apreciar más que la ‘cantidad’, la ‘procedencia’.
¿De dónde procede la limosna? Unos resultan dando de lo que les sobra; la viuda ofrece desde su pobreza. Pero esta constatación nos revela algo más profundo: La mujer da todo para vivir: ‘dar todo’ es quedarse sin seguridades, ‘vivir’ es tener a Dios como el único bien.
Esta viuda representa el ideal del Evangelio y nos recuerda la invitación al rico que leímos hace unos domingos: Deja todo, ven y sígueme.
PH: Recuperado de www.coalicionporelevangelio.org

