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#EvangelioDominical - El juicio que realiza el Mesías

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En el evangelio de hoy reconocemos dos partes, en la primera tenemos un resumen de las exigencias de la conversión a raíz de la predicación de Juan el Bautista, en la…

Este domingo, tercero del Adviento, es llamado en la tradición de la Iglesia «Dominica Gaudete» por la antífona de entrada, «Gaudete in Domino semper; iterum dico: gaudete!» (Gócense siempre en el Señor; les repito: gócense, Filipenses 4, 4-7).

En el evangelio de hoy reconocemos dos partes, en la primera tenemos un resumen de las exigencias de la conversión a raíz de la predicación de Juan el Bautista, en la segunda el Bautista presenta la misión del Mesías.

Las exigencias de la conversión están ambientadas en la reacción de la gente ante de inminencia del anuncio del juicio que hacía Juan en los versículos anteriores: «¿Qué tenemos que hacer?» Esta pregunta se repite en tres oportunidades y narrativamente es ocasión para exponer más detalladamente los frutos de la conversión.

Esta es la dinámica: el anuncio del juicio lleva a la conversión. La conversión es un proceso íntimo que la gracia de Dios va obrando en cada persona, ahora el texto tiene la intención de indicar cómo se expresa externamente la conversión, de ahí la insistencia de una pregunta que se repite tres veces. La primera respuesta exige no quedarse con más de lo necesario: «El que tenga dos túnicas, que le dé una al que no tiene»; la segunda pide ser honrados: «No exijan más de lo que está mandado»; la tercera ordena no abusar de una situación dominante: «No exijan por la fuerza».

En resumen, el fruto externo de la conversión es el rechazo a la codicia, lo que se concretiza en compartir y en no exigir más de lo acordado.

En la segunda parte de evangelio de este domingo Juan el Bautista explica que la misión del Mesías consiste en realizar el juicio divino. Esta segunda parte la introduce el evangelista con una idea muy apreciada por la revelación bíblica: la identidad de la persona se aclara delante de Dios, de ahí que la gente se pregunte desde lo íntimo, ‘desde el corazón’. En un ambiente de creciente expectativa creado por la misión de Juan, para encontrar su identidad, la gente se pregunta si él no sería el Mesías.

Juan Bautista responde tres cosas, primera, que el Mesías es alguien más fuerte; segunda, que ya viene y, tercera, que realizará el auténtico juicio. Para explicar que el Mesías es más poderoso, Juan habla de dos bautismos, el uno con agua, el otro con fuego; en la Escritura el fuego es una imagen muy socorrida para referirse al juicio divino, se entiende entonces que el bautismo que instaurará el Mesías sí tiene eficacia para efectuar el juicio divino.

En segundo término, el Bautista anuncia, con un verbo conjugado en presente, la llegada del Mesías: «viene». En tercer lugar, expresa la realidad del juicio por medio de una imagen propia de las labores agrarias: el segador corta las espigas maduras, luego en la era, mediante la trilla hace que la espiga expulse el grano, pero permanecen mezclados grano y paja; entonces el agricultor, mediante una especie de horqueta grande –el bieldo– avienta la mies trillada, el viento que sopla arrastra la paja y el grano, por su propio peso, va cayendo.

En esta imagen se expresa el juicio como separación de lo fundamental (el grano) respecto de lo accesorio (la paja). Tenemos, entonces, que la misión del Mesías consiste en llevar a los hombres a quedarse y asegurar lo fundamental desprendiéndose de aquello que no es propio del ser humano. El Mesías que viene tiene el poder, la fuerza, para realizar este juicio y con su gracia lo realiza en cada uno de nosotros. Es la presencia amorosa de Dios en cada uno de nosotros la que nos va haciendo cada vez más semejantes al ideal del ser humano que nos revela el Hijo de Dios hecho hombre.

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