Estando en Jerusalén, los discípulos llaman la atención de Jesús sobre la belleza del templo, a lo cual el Maestro responde que de todo aquello no quedará piedra sobre piedra; intrigados, los discípulos le preguntan sobre el momento y las señales de la inminencia de ese acontecimiento, a estas inquietudes contesta Jesús con el discurso sobre el final del tiempo del que leemos hoy el anuncio de la segunda venida de Cristo.
Este discurso sobre el final del tiempo lo inicia Jesús refiriendo situaciones de crisis, hambrunas y guerras como preludio de la destrucción de la ciudad de Jerusalén, a continuación de este inicio siguen los versículos que escuchamos hoy en el evangelio de la misa (Marcos 13, 24-32); por ello nuestra traducción empieza: «En aquellos días, después de la gran angustia».
El mensaje central es el anuncio de la venida del Hijo del hombre, anuncio que está contextualizado en la revelación del final del tiempo: «el sol se oscurecerá, la luna no dará su resplandor, las estrellas caerán…». Evidentemente aquí no se trata de una información de tipo científico que tengamos que corroborar con lo que los astrofísicos nos dicen de la evolución de las estrellas.
En el relato bíblico de la creación leemos que el cuarto día «dijo Dios: “¡Fórmese en la bóveda del cielo astros que den luz y distingan el día de la noche y sirvan para señalar las fiestas, los diversos días y años!”» (Génesis 1, 14). Sobre esta afirmación de la creación de los astros, Jesús anuncia el final de la historia, y lo hace indicando precisamente el cese de la actividad de los astros cuya función es la de marcar el paso del tiempo y las actividades del hombre. De esta manera Jesús anuncia el fin del ‘cosmos’, que es como se dice ‘orden’ en el idioma griego.
En un sentido más profundo, el cataclismo por el agotamiento de los astros lo podemos comprender como la situación del universo que devora lo inconsistente y esto lo experimentamos anticipadamente cuando somos conscientes de que el paso del tiempo va decantando la vida y de esta forma nos vamos haciendo más maduros en todos los sentidos. Biológicamente nuestro cuerpo se va agotando, mientras que a nivel humano maduramos para alcanzar nuestra plenitud junto a Dios.
A continuación del anuncio sobre el final del tiempo, Jesús habla de dos situaciones que marcará la diferencia entre quienes llevan una vida inconsistente y los discípulos.
Quienes no estén preparados «verán venir al Hijo del hombre sobre las nubes con gran poder y gloria»; con una frase igual Jesús anuncia el juicio de los miembros del sanedrín en el relato de la pasión (véase Marcos 14, 61-62). De manera que el final del tiempo conlleva un juicio a quienes llevan una vida inconsistente, es decir, una vida frívola.
Pero a su vez, el final del tiempo significa para quienes han seguido el camino de Jesús ser congregados desde los cuatro puntos cardinales del cielo y de la tierra; de esta forma se expresa también el universalismo de la obra salvífica de Cristo y la presencia del amor de Dios actuando en la vida de la humanidad.
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