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#EvangelioDominical - De mendigo a discípulo

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Acostumbrado a ‘hacerse oír’, al enterarse de que es Jesús quien pasa por allí esa mañana, llama su atención gritándole: «¡Hijo de David, Jesús, ten compasión de mí!»

El encuentro de Jesús con el ciego Bartimeo a la salida de la ciudad de Jericó (Marco 10, 46-52) es el episodio que cierra la narración del camino de Jesús a Jerusalén, esta ubicación sugiere estar representando el ideal  de la formación del discípulo.

Bartimeo es un invidente que ejerce la mendicidad y sobrevive merced al sentimiento religioso de los piadosos peregrinos que se dirigen hacia Jerusalén: sentado al borde del camino recibe de la gente devota alguna dádiva.

Acostumbrado a ‘hacerse oír’, al enterarse de que es Jesús quien pasa por allí esa mañana, llama su atención gritándole: «¡Hijo de David, Jesús, ten compasión de mí!». Esta manera de llamar a Jesús puede estar expresando un reconocimiento mesiánico, pues los anuncios de los profetas sobre el Mesías (Salvador) lo presentan como un descendiente de aquel rey de Israel (ver Lucas 1.32). A esta forma de llamar a Jesús con una profesión de fe, Bartimeo une su súplica: «¡Ten compasión de mí!».

Los circunstantes perciben en esta llamada otra realidad, interpretan este grito como algo ‘políticamente incorrecto’, para muchos quizá se trata de una acción provocadora y desafiante al imperio romano: en el ambiente de la Pascua, fiesta judía de la liberación, y con la concurrencia de muchos peregrinos, los romanos están atentos a reprimir toda manifestación de nacionalismo judío. Quienes quieren ahogar los gritos de Bartimeo temen una reacción de los soldados romanos.

Tenemos en este inicio dos formas de comprender al Mesías y con ello dos formas de concebir la salvación: 1) como acción amorosa y liberadora de Dios en nuestra propia persona o, 2) como caudillismo que puede arrebatar el poder de unos hombres para imponer el de otros.

El Maestro no se desentiende, el ‘peligro’ de lo políticamente incorrecto no lo paraliza, por el contrario, busca el encuentro personal. Esta actitud de Jesús contagia y transforma a los presentes y quienes antes censuraban al ciego ahora pasan a animarlo para acudir al encuentro de Jesús que lo llama.

En el contexto de encuentro personal, Jesús es directo y pregunta: «¿Qué quieres que te haga?», es tanto como decir: ‘¿Para qué me llamas?’. Bartimeo no duda, de inmediato responde: «‘Rabbuní’, que recobre la vista». Bartimeo, quien antes se dirigió a Jesús como Hijo de David, ahora, en la cercanía del encuentro, lo llama ‘Rabbuní’ (Maestro); esto nos hace pensar que él ha comenzado ahora a asumir la condición de discípulo. Entonces Jesús presenta la fe como iluminación para seguirlo, la fe como luz para ser discípulo.

La búsqueda de Bartimeo se nos revela en contraste  con la dificultad o de la resistencia que ofrecen los Doce para asumir la forma de discípulos que quiere Jesús; en la escena final del camino hacia Jerusalén Bartimeo es iluminado por la fe: «al momento recobró la vista y lo seguía [a Jesús] por el camino» hacia Jerusalén.

Quien al inicio ejercía como un mendigo que venía sobreviviendo de la piedad religiosa y de la caridad de los peregrinos que van a Jerusalén, al ser iluminado por la fe, pasa a ser discípulo que no solo recorre el mismo camino, sino que se hace seguidor de Jesús hacia Jerusalén.