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"Ése hombre no camina con nosotros"

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"se pone en evidencia que para los discípulos el seguimiento se reduce a simplemente a caminar al lado de Jesús para asegurarse un futuro glorioso, pero no están…

Mientras Jesús camina hacia Jerusalén, va formando a sus discípulos; en este aprendizaje vamos también encontrando la resistencia de ellos por asumir la forma que el Maestro quiere. En el evangelio de la misa de este domingo (Marcos 9, 38-43.45.47.48) reconocemos dos partes: 1. el episodio del ‘exorcista anónimo’ y 2. una denuncia de Jesús sobre los obstáculos para el Reino.

El episodio del exorcista anónimo se inicia con un reconocimiento implícito de la eficacia de la actividad liberadora de Jesús: alguien que para expulsar los demonios acude al nombre de Jesús. Juan y, probablemente, alguno más de los discípulos le han prohibido a este hombre que continúe con la actividad de expulsar demonios: «Se lo hemos querido impedir porque no viene con nosotros». La razón para la prohibición es que ‘no anda con nosotros’. El texto griego da para una frase despectiva: ‘Ése no anda con nosotros’.

En el argumento de Juan y en la respuesta de Jesús –«No se lo impidan»– de nuevo aflora la diferencia entre el estilo que Jesús propone a sus seguidores y los reparos que ponen los discípulos.

Hemos venido descubriendo que Jesús invita a los discípulos a seguirlo y a compartir su destino, en eso precisamente consiste la salvación; pero al mismo tiempo en la narración de Marcos vamos reconociendo que los discípulos tienen otra idea del seguimiento y otra idea de Mesías y de salvación.

El domingo anterior leímos en el evangelio de la misa que los discípulos no entendían el anuncio sobre la entrega de la vida y les daba miedo preguntar; se pone en evidencia que para los discípulos el seguimiento se reduce a simplemente a caminar al lado de Jesús para asegurarse un futuro glorioso, pero no están dispuestos a asumir el estilo de vida del Maestro. Paradójicamente en el episodio del evangelio de hoy, la afirmación de Juan –‘Ése no anda con nosotros’– devela que los discípulos ven en el exorcista anónimo un crítico o un censor porque él está contribuyendo en la misión liberadora de que realiza Jesús. La misión de Jesús es implantar el Reino y este trabajo conlleva la liberación del hombre.

La declaración de Jesús, «Quien hace un milagro en mi nombre no puede luego hablar mal de mí. El que no está contra nosotros está a favor nuestro», pide aceptar la ayuda que viene de fuera de la comunidad.

Una frase sobre la ayuda viene a cerrar la primera parte: «Y el que les dé a beber un vaso de agua porque son discípulos de Cristo, en verdad les digo que no se quedará sin recompensa». Jesús nos revela que quien como el exorcista anónimo ayuda a la misión de los discípulos participará del Reino en la plenitud.

La segunda parte del evangelio de este domingo es un llamada a la radicalidad en el seguimiento; esta parte está construida con frases enlazadas o ligadas entre sí por el verbo griego ‘skandalízo’ (de donde viene el castellano ‘escandalizar’); el sentido griego de ‘skandalízo’ es algo así como colocar trampas, poner obstáculos en el camino, hacer zancadilla.

Después de haber expuesto Jesús su doctrina sobre la ayuda en la evangelización pasa a hablar de la zancadilla o del estorbo para el Reino, estos obstáculos invitan a la radicalidad en la respuesta del discípulo, en la integridad de vida.