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29-sep.-lunes de la 26.ª semana del T. O.

«Ahí tenéis a un israelita de verdad, en quien no hay engaño» [...] un elogio que recuerda el texto de un salmo: «Dichoso el hombre... en cuyo espíritu no hay fraude»

Infinitas gracias por un nuevo día que nos regalas para disfrutarlo y pasar haciendo el bien a nuestros hermanos. 

No estamos solos, porque nos has regalado bondadosamente a los santos arcángeles Miguel, Gabriel y Rafael para que sean nuestros protectores y nuestra fuerza en cada instante de nuestras vidas. Ellos nos hablan de Ti, que quieres nuestro bien y te preocupas por nosotros. Ellos son tu ayuda para escuchar, atender y sentir los dolores y alegrías de nuestros corazones. La Fuerza de Dios (Gabriel), la Medicina de Dios (Rafael) nos hablan de un Dios que está con nosotros y por nosotros, que quiere nuestra vida, nuestra felicidad, nuestro bienestar. ¿Qué Dios hay como éste? O como dijo Miguel: ¿Quién como Dios? Danos la gracia de saber que ellos son esa coraza de amor que colocas en nuestros pechos, para poder rechazar el mal y guiarnos por el camino de la fe y la esperanza. Que ellos sigan trayéndonos buenas noticias de cuánto nos quieres; sean nuestros defensores en la lucha contra el mal y nos conserven en salud y bienestar, sean nuestro auxilio y protección. Amén. 

Un muy feliz y santificado martes para todos. 

Palabra del Papa

El evangelista nos refiere que, cuando Jesús ve a Natanael acercarse, exclama: «Ahí tenéis a un israelita de verdad, en quien no hay engaño» (Jn 1, 47). Se trata de un elogio que recuerda el texto de un salmo: «Dichoso el hombre... en cuyo espíritu no hay fraude» (Sal 32, 2), pero que suscita la curiosidad de Natanael, que replica asombrado: «¿De qué me conoces?» (Jn 1, 48). La respuesta de Jesús no es inmediatamente comprensible. Le dice: «Antes de que Felipe te llamara, cuando estabas debajo de la higuera, te vi» (Jn 1, 48). No sabemos qué había sucedido bajo esa higuera. Es evidente que se trata de un momento decisivo en la vida de Natanael. Él se siente tocado en el corazón por estas palabras de Jesús, se siente comprendido y llega a la conclusión: este hombre sabe todo sobre mí, sabe y conoce el camino de la vida, de este hombre puedo fiarme realmente. Y así responde con una confesión de fe límpida y hermosa, diciendo: «Rabbí, tú eres el Hijo de Dios, tú eres el Rey de Israel» (Jn 1, 49). En ella se da un primer e importante paso en el itinerario de adhesión a Jesús.  (Benedicto XVI, Catequesis del 4 de octubre de 2006)).

Antes de que Felipe te llamara, cuando estabas debajo de la higuera, te vi
ORACIÓN 

Señor, en este día en que se celebra de un modo especial a los santos arcángeles, yo te pido en este rato de oración que Tú, Dios mío, seas siempre lo primero, lo absoluto, lo definitivo para mí. Que jamás me apoye en ídolos de barro, en dioses falsos que, al poner mi corazón en ellos, me vacían, me frustran, me decepcionan. Haz que Tú seas para mí “el Dios de mi vida”, el que me empuja a vivir y gozar de tantas cosas buenas y bonitas que has creado para que yo las disfrute. Amén. 

Reflexión 

En el texto de la Misa aparece la figura de Natanael como el hombre sincero, sin trastienda ni fachada, sin engaño. Jesús le alaba porque se siente a gusto con él. Está ya cansado de la postura de los fariseos con su doble vida, con sus argumentos retorcidos, con su afán de ser alabados por el pueblo. Hoy, en el día de San Miguel, el evangelio nos habla de la misión de los ángeles: ser mensajeros de Dios entre los hombres. San Miguel es el arcángel sincero y cabal, el que defiende a Dios “con capa y espada”. No tolera que nadie le haga sombra entre todas sus criaturas: ¿Quién como Dios?  Bonita frase para el mundo de hoy que trata de orillar y silenciar a Dios. San Miguel no sólo habla, sino que “grita” esa soberanía de Dios. En realidad, la verdadera “escala de Jacob” por donde Dios se comunica ahora ya no es ni Miguel ni ningún ángel sino Jesús el Hijo de Dios. Él ha descendido por esa escala y nos ha traído la bondad y la ternura de nuestro Padre Dios. Y nos ha dicho a todos algo muy importante: que todos nosotros debemos ser ángeles los unos para con los otros, ángeles de paz, de amor y de esperanza.

Autor:
José Hernando Gómez Ojeda Pbro.