Nuestro corazón se regocija en Dios, nuestro Salvador, que ya se aproxima. Vienes a traernos los dones del amor y de la paz, vienes a traernos la misericordia del Padre y la ilusión de la reconciliación y nos invitas a ser mensajeros entre nuestros hermanos, con humildad y sencillez, pero a la vez con valentía y capacidad profética, denunciando todo lo que se opone a tu amor. Para ello, debemos tener ojos para ver a nuestros hermanos en necesidad y soledad. Permítenos ser otro Juan Bautista que ayude a otros a encontrarte a ti. «Mirad, yo envío a mi mensajero, para que prepare el camino ante mí».
Nos dice el papa Francisco: «El corazón del hombre desea la alegría. Todos deseamos la alegría, cada familia, aspira a la felicidad. ¿Pero cuál es la alegría que estamos llamados a vivir y testimoniar? Es la que viene de la cercanía de Dios, de su presencia en nuestra vida», porque la mano de Dios está siempre con nosotros. «Mirad estoy cerca y llamo, si alguno oye mi voz, entraré y haré mi morada dentro de él».
Feliz y santificado fin de semana. Abrazos y bendiciones. «Levantaos, alzad la cabeza; se acerca vuestra liberación».
Pensamientos para el Evangelio de hoy
* «Isabel sintió la proximidad de María, Juan la del Señor; la mujer oyó la salutación de la mujer, el hijo sintió la presencia del Hijo; ellas proclaman la gracia, ellos logran que sus madres se aprovechen de este don» (san Ambrosio).
* «Juan anunciará a alguien más Grande que había de venir después de él. Ha sido enviado para preparar el camino a ese misterioso Otro; toda su misión está orientada a Él: se anunciaba algo realmente grande» (Benedicto XVI).
* «Juan es ‘más que un profeta’ (Lc 7,26). En él, el Espíritu Santo consuma el “hablar por los profetas”. Juan termina el ciclo de los profetas inaugurado por Elías. Anuncia la inminencia de la consolación de Israel, es la “voz” del Consolador que llega (Jn 1,23). Como lo hará el Espíritu de Verdad, ‘vino como testigo para dar testimonio de la luz’ (Jn 1,7). Con respecto a Juan, el Espíritu colma así las “indagaciones de los profetas” y la ansiedad de los ángeles» (Catecismo de la Iglesia Católica, n. 719).
